Día 4: Penitentes – Las Cuevas

El cuarto  día fue el  más corto de pedaleo, hicimos poco más de 20km.  Nos llevo toda la mañana cargar las bicis y poder salir de penitentes porque david había descentrado la rueda de atrás y nos pusimos a arreglarla con toda la carga encima, gran error, al final descargamos, centramos y  volvimos a cargar.

Ese día no teníamos muy claro que era lo que íbamos a hacer porque la información de lo que nos faltaba no la pudimos conseguir, la gente no sabía bien las distancias de los siguientes pueblos y mucho menos que era lo que había en Las Cuevas, último pueblo argentino. En fin, partimos rumbo a Puente del Inca a unos 7km, paseamos un poco y seguimos rumbo a la base del aconcagua. Cuando llegamos no entramos y comimos en una mesa que había en el estacionamiento, creo que la habían puesto para nosotros. Tratamos de comer todo lo que habíamos comprado en Mendoza y todavía no le habíamos entrado, osea atún y sardinas enlatadas.

Después de tan ameno almuerzo salimos rumbo Las Cuevas creyendo que nos faltaba una gran subida con curva hacia la izquierda y un viento en contra de puta madre. Luego de pedalear algo más de una hora llegamos a lo que creíamos el fin de la subida tortuosa y que al doblar a la derecha íbamos a encontrar el pueblo, no fue así, atrás de la curva estaba Soberanía Nacional, subida con nombre y apellido y lo peor no era la inclinación sino el paredón a nuestra derecha que en varias oportunidades lo acariciamos para no terminar abajo de un camión. Linda fue la sorpresa al ver un túnel al final de la subida, y más linda fue la decisión de cursar por abajo y no por arriba, casi la quedamos.

Al llegar al otro lado estábamos en Las Cuevas, no había nada, parecía un pueblo fantasma, por lo que nos abrigamos y teniendo en cuenta que eran las 16hs decidimos cruzar ese mismo día el paso del Cristo Redentor. La ilusión nos duro poco, el viento ya estaba intratable y el frío se empezaba a sentir hasta en los huesos, fue por eso que al pasar por abajo del hostal y después de reflexionar medio segundo decidimos pasar la noche allí y salir al otro día bien temprano.


Ruta en bici 827561 – powered by Bikemap 

Día 3 Uspallata-Penitentes

Luego de recuperar energías nos despertamos con el fin de reparar un poco las bicis averiadas del día anterior y zarpar lo antes posible para ahora sí definitivamente entrar en plena cordillera.

La verdad es que no teníamos mucha idea ese día hasta donde íbamos a llegar ya que en primer lugar la gente de por ahí no tiene mucha idea de los pueblos que hay por delante y mucho menos en donde podés quedarte, por otra parte ya estábamos en el día 3 y no sabíamos cómo íbamos a reaccionar en el tema físico, más teniendo en cuenta que a partir de ahora es cuando más se empieza a notar el tema de la altura.

Luego de unas horas arreglando las bicis cargamos y salimos para el pueblo en búsqueda de agua y comida para el resto del día, el tema es que ya eran más o menos la 13:00 y nos pareció mejor comer algo ahí y luego salir, al final recién pudimos salir a las 14:30.

Una vez en la ruta 7 nos empezamos a dar cuenta de un condimento extra que lo habíamos manejado pero no tanto: los camiones. La verdad que el primer camión que nos pasó fue suficiente para darnos cuenta que estábamos un tanto regalados, y si bien da para que pasen dos camiones, no queda mucho lugar en los costados.

En lo que respecta a la ruta se puede decir que los paisajes son espectaculares,  son vistas que te llevan y te dan fuerza para continuar. La ruta en sí no tiene mayores dificultades más que algunas subidas largas y algunos túneles en los que hay que tener mucho cuidado al pasarlos.

Luego de 4 horas pedaleando llegamos a las 19:45 a Penitentes, centro de esquí, habiendo recorrido un total de 62.55 km a un promedio de 15.2 km/hr y con máximas de 61.4 km/hr llegando a los 2600 metros de altura.


Ruta en bici 827557 – powered by Bikemap 

Noche en Viña

boliche en viña

boliche en viña

Con el físico cansado pero con el ánimo en alto por haber cruzado la cordillera en 6 días tomamos la difícil decisión de salir a tomar algún berberaje autóctono que pudiera acompañar muestro estado de ánimo.

En eso entramos a un pub, boliche o como carajo se lo llame en chilie y tomamos asiento en una mesa para tres, miramos la carta y decidimos por el clásico pisco, a lo que david y mati deciden cortarlo con sprite y quien suscribe pidió una coca light. Hasta ahí nada raro, pero al llegar el pedido noto una particularidad en las dimensiones en las que venían las bebidas, al mozo no se le ocurrió mejor idea que traer las sprite en las clásicas botellitas de restaurante que son angostas y altas, mientras que la coca salió en lata, pero qué lata, una diminuta y ancha, que al lado de las botellas reflejaba de una forma muy peculiar lo que fueron las fotos en las que aparecemos los tres.

Cuando se lo hice notar a mati y a david escupieron todo el trago y se rieron por horas.

(Para los que no conocen a los protagonistas de esta historia, Mati y David son mas bien flacos y altos, y Andrés es bajo y más relleno)

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